jueves, 14 de junio de 2012

La crisis económica española es una crisis de productividad

España estaba peor el año 2006 que ahora”, afirma Finn Kydland, Nobel de Economía en La Contra de La Vanguardia del pasado 13 de junio. Esta afirmación, que nos puede parecer una ocurrencia de alguien que nos quiere tomar el pelo, tiene, sin embargo su explicación: “en el año 2006 la economía española estaba enferma, ya que su productividad no crecía desde 1988. Lo que pasaba es que la burbuja maquillaba la realidad.

Si gastas más de lo que ganas, al final, la realidad se impone: te arruinas. En el 2006, España estaba enferma, aunque viviera una fiesta a crédito. Al menos ahora se sabe enferma, que es el primer paso para curarse”. ¿Y cómo se puede curar? Pues aumentando la productividad. Para aumentar la productividad hace falta que haya empresarios inteligentes que inviertan en trabajadores bien formados.

Pero para que un empresario invierta a largo plazo debe estar seguro de que los políticos no acabarán apropiándose de sus beneficios. Y, si los gobiernos acumulan déficits y deuda, los empresarios saben que, tarde o temprano, les subirán los impuestos. Ante un panorama así, nadie en su sano juicio se atreverá a innovar a años vista. El problema es que los políticos piensan en el corto plazo, pero la clave de la prosperidad es pensar en el largo plazo.

Es esencial que los países tengan instituciones que garanticen estabilidad a largo plazo y sean predecibles. La enemiga de la prosperidad es la incertidumbre. Y la vida ya tiene de por sí bastante incertidumbre como para que los políticos le añadan más todavía. Los países, para ser prósperos, necesitan medidas de Estado a muy largo plazo y dar la seguridad a los inversores y a todos de que las mantendrán.

Hay que ser consciente de que la partitocracia debe tener límites, fiscalizarla y no dejar que tenga todo el poder. Una sociedad civil madura debe trascender los partidos y crear instituciones sólidas para el bien común: un futuro que garantice una economía predecible a salvo de los bandazos electorales. En Estados Unidos, por ejemplo, la Reserva Federal nombra a su gobernador para un mandato de doce años. Así que puede escuchar, pero no obedece al político de turno, los magistrados del Tribunal Supremo son elegidos de por vida, etc. Hay que impedir que los políticos, por muy elegidos democráticamente que sean tengan todo el poder.

Cuando hay dinero no hay que dejar que los políticos lo gasten como les venga en gana. Si cada partido político, al llegar al poder, puede disponer a placer del dinero público, que es de todos los españoles, llegamos a la situación en la que nos encontramos actualmente. El dinero público no es solo nuestro, es también de nuestros hijos. Y no podemos, no debemos endeudarnos y endeudarles a ellos aunque sea para construir más quirófanos o más guarderías.

El señor Kydland nos da su receta para ir saliendo de la crisis: “España puede aprender de sus errores, hacer reformas y volver a crecer. Es importante que ustedes aprendan a preservar sus instituciones y su sistema económico de los intereses partidistas a corto plazo. Recobrarán el control de su destino si hacen reformas y mejoran su productividad”.

La productividad española según Eurostat: con la burbuja inmobiliaria fue decreciendo, ya que tanto las horas trabajadas como el sueldo aumentaban más deprisa que el PIB. Se estaba cociendo la crisis. La productividad vuelve a aumentar con el aumento del desempleo, que crece más deprisa de lo que disminuye el PIB.

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