miércoles, 9 de enero de 2013

El tren de alta velocidad de Barcelona a Figueres


Ayer se inauguró el tren de alta velocidad que de Barcelona a Figueres. Dentro de poco tiempo, podrá entrar en Francia e ir hasta París. ¡Qué maravilla!

He aquí el último ejemplo de una España miserable con ínfulas de nuevo rico. ¿Quién irá de Barcelona a París en seis horas? ¿Quién irá de Barcelona a Figueres? Dicen que serán 3 millones de personas cada año. Lo dudo, pero supongamos que así sea. Y digo que lo dudo porque, hasta ahora, todas las previsiones que se han hecho sobre los pasajeros del tren de alta velocidad en España se han revelado exageradas.

El coste de la instalación ha sido de más de 3.700 millones, sin contar las obras de las estaciones de Sants, Girona y Figueres. Si se incluyen estas estaciones y otras obras aún no terminadas, el coste será de 4.300 millones. La longitud total de la línea es de 131 km hasta la conexión del túnel internacional. Es decir, unos 33 millones de euros por kilómetro. Una verdadera exageración.

Y una pérdida de dinero, año tras año. En efecto, si amortizamos estos 4.300 millones de euros en 50 años, al 4 % de interés (que es un interés bastante menor que el que se paga actualmente, que es del 5,5 al 6 %), encontramos que cada año se deberán amortizar 199 millones. Sólo para amortizar el coste de la obra, cada pasajero debería pagar 66 euros por viaje de Barcelona a Figueres o viceversa. El precio del billete Barcelona - Figueras Vilafant, con 53 minutos de trayecto, es de 48 euros si se coge un AVE, y de 20 si se coge un Avant, sin contar los descuentos del 20% si tomamos ida y vuelta, o los descuentos aún más importantes para los viajeros frecuentes. La pérdida es colosal, ya que, además, debemos contar los gastos operativos (electricidad, personal, mantenimiento, coste de los trenes, no incluido en el coste de la obra, etc.). Y no digamos nada si la cantidad de viajeros es menor que la prevista.

(Si algún optimista piensa que se podría amortizar la obra en 100 años, siempre al 4 % de interés, la amortización anual sería de 175 millones, 58 euros por cada uno de los hipotéticos 3 millones de pasajeros, más los gastos de explotación).

Para un país donde se está recortando en educación y en sanidad, para un país donde los trenes de cercanías funcionan mal, la noticia de que algunos inconscientes han gastado 4.300 millones de euros para hacer un tren de alta velocidad se debería recibir como si nos anunciaran un entierro. Pero somos tan ignorantes que hemos celebrado la inauguración como un gran avance. Y después criticamos las inversiones de un tren de este tipo para ir a Galicia y Asturias...

Lo que me ha llegado al alma es la editorial de la Vanguardia de ayer. Dice, entre otras cosas: "es necesario que Francia haga los deberes que le corresponden, para que el tren de alta velocidad lo sea efectivamente, y no sólo nominalmente, en todos los tramos que pasan por su territorio". He encontrado la frase de un patetismo inusual para una editorial de un periódico que considero serio. Francia es un país más rico que el nuestro por dos razones: primera, crea más riqueza que nosotros, y segunda, no tira el dinero a la alcantarilla como lo hacemos aquí. En Francia, antes de construir una línea de tren de alta velocidad (o así era hasta ahora) esperan que se den las circunstancias necesarias para que la línea sea rentable. Y una línea entre Perpiñán y Montpellier tardará, me parece, muchos años en serlo. De modo que, si los socialistas actualmente en el poder en Francia no cambian el criterio imperante hasta este momento, el autor de la editorial de la Vanguardia vale más que busque una silla, ya que tendrá que esperar sentado un montón de tiempo.

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