jueves, 25 de abril de 2013

¿Se puede crecer indefinidamente?


No sé si es una cuestión económica o si es una cuestión filosófica, pero de todos modos es una cuestión que nos ha preocupar. Si, como dicen, para crear puestos de trabajo hace falta que la economía crezca, ¿puede crecer indefinidamente la economía en un mundo de recursos finitos?

Un crecimiento continuado al 2,5% anual nos lleva a una economía que se multiplica por dos al cabo de 28 años, por tres al cabo de 44 años, por cuatro al cabo de 56 años, etc. ¿Alguien cree que se puede consumir cuatro veces más de petróleo, de gas, de carbón, de aluminio, de electricidad, de papel, de acero, de plástico, etc., de lo que consumimos hoy? ¿De donde los sacaríamos?. ¿Y qué haríamos con los residuos? A primera vista, el crecimiento indefinido es absurdo.

El problema es que partimos de la base de que el crecimiento futuro será del mismo tipo que el de hoy. Y esto podría no ser cierto. Parece probable que una economía que crezca necesite más energía, pero incluso esto no es nada seguro. Es lo que ha ocurrido hasta ahora, pero no sabemos si es lo que pasará en el futuro.

El economista Sala i Martin trataba este tema en el videoblog de la Vanguardia del lunes pasado. Y respondía a la cuestión diciendo que el crecimiento económico será cada vez menos dependiente de productos materiales, y más basado en las nuevas ideas, nuevos inventos e innovación. Concluía que, como cada vez hay más ideas y más innovaciones, el crecimiento económico indefinido no es imposible.

Pero, ¿es verdad la suposición de que cada vez hay más nuevas ideas?. A primera vista, sí. Pero el economista J. Huebner ha publicado un gráfico con las innovaciones tecnológicas por cada 1000 millones de personas desde el año 1453, que muestra que ahora nos encontramos innovando a un ritmo como el del año 1600. Su proyección futura es alarmante, e indica que, si tiene razón, nos acercamos a una edad oscura desde el punto de vista de los nuevos inventos.



Precisamente este fin de semana estaba leyendo el libro de Tyler Cowen "El gran estancamiento" publicado en 2011, que sostiene que los Estados Unidos se encuentran en una meseta económica desde el año 1973, y una de las principales razones es la desaceleración de la innovación tecnológica. Según este economista estadounidense, ha disminuido la producción de nuevos inventos. Sólo se aprecia un perfeccionamiento tecnológico de los grandes inventos de años anteriores. En la siguiente figura podemos ver cómo ha crecido el PIB (GDP, en inglés) y las ganancias medias de las familias estadounidenses: el PIB crece, las ganancias, no. ¿Por qué? Probablemente porque el PIB ha crecido, no a causa del incremento de la economía real, sino porque lo han hecho los gastos públicos y las finanzas. La economía real no ha crecido porque ya no hay nuevos inventos que generen crecimiento.


Continúa diciendo que Internet nos ha traído a todos una mejora en diversión y entretenimiento, pero no está claro cuál es su aportación al crecimiento económico. Básicamente, hay un cambio del sistema de compra que tenemos, que ha pasado a ser on line, pero esto no crea nueva riqueza, ya que es sólo un reemplazo. E Internet no aporta demasiado empleo: Facebook funciona con 2.000 programadores, Twitter tiene 300 empleados, mientras que, en cambio, General Motors llegó a dar trabajo a 600.000 personas en los Estados Unidos.

La ventaja de Internet es que pone a disposición de muchos investigadores, en tiempo casi real, todos los nuevos conocimientos que se van adquiriendo, lo que debería facilitar el descubrimiento de nuevas ideas o inventos que permitieran volver a dar un salto adelante.

Charles Jones, un economista que se dedicó a analizar las estadísticas del incremento del PIB mundial en diferentes épocas, descubrió que un 80% del crecimiento de los países desarrollados entre 1950 y 1983 fue debido a las nuevas aplicaciones de viejas ideas. Una cocina de los 70 hubiera maravillado a una persona de 1900, pero si alguien de 1970 viaja al futuro hasta la actualidad, la cocina actual le parecería muy normalita.

Los grandes inventos y descubrimientos de los siglos XIX y XX siguen siendo la columna vertebral de la actual civilización: la teoría atómica (1803), la locomotora (1825), la nevera (1834), el teléfono (1876), la luz eléctrica y bombillas incandescentes (1879), el automóvil y los motores de combustión (1886), los aviones de hélice (1890), el cinematógrafo (1894), la estufa eléctrica (1896), la televisión (1926), la penicilina (1928), el radar (1931), el motor de turbina (1939), el transistor (1947), el microprocesador (1971) etc. En todos estosinventos, únicamente se ha mejorado la tecnología asociada. Se perfeccionan pero no hay un salto cualitativo de la invención humana como ocurrió en los dos siglos anteriores.

La tesis de Tyler Cowell es que, aparte de Internet, las generaciones nacidas a partir de la segunda mitad del siglo XX hemos contemplado pocos inventos que puedan considerarse revolucionarios, la mayoría de ellos relacionados con las tecnologías de la información. Es difícil concebir un mundo con crecimiento económico indefinido únicamente con Internet, nanotecnología, nuevos materiales, inteligencia artificial y biotecnología, y que, además, asegure puestos de trabajo. Las nuevas tecnologías han prosperado al socaire de los grandes descubrimientos e inventos de los siglos XIX y XX.

El incremento demográfico no parece generar cada vez más genios. Las nuevas ideas cuestan cada vez más caras de desarrollar. Como el sector de los combustibles fósiles, la tecnología también ha tenido un pico de producción.

Pero es muy difícil predecir lo que el futuro nos depara. No tenemos ninguna bola de cristal que nos permita darle un vistazo. De modo que, a pesar de todo, no es imposible que algún día se vuelvan a inventar cosas que permitan que la economía pueda volver crecer. Para hacerlo posible sólo tenemos una solución: aumentar los recursos destinados a la investigación y mejorar el sistema educativo para favorecer la creatividad de las personas. Por desgracia, en España estamos haciendo todo lo contrario.

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