jueves, 11 de abril de 2013

Un país de tertulianos


No enseñaré nada a nadie si empiezo diciendo que cerdo, en inglés se llama pig, y que su plural es pigs, exactamente las iniciales de Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain). Es decir, este país en el que nos encontramos es uno de los cerdos de Europa (económicamente hablando, claro, aunque, desde el punto de vista de la limpieza de los lugares públicos, no estamos demasiado lejos). La economía de estos países es incompatible con formar parte del club de la moneda única, ya que su productividad hace que, sin poder devaluar su moneda, estén condenados a gastar más de lo que producen. Por ejemplo, en los años 2005 a 2008, España tuvo un déficit por cuenta corriente del 9% del PIB, el de Grecia fue del 12%, el de Portugal del 11% y el de Irlanda del 4,5%. El resultado fue un nivel de endeudamiento insostenible. La causa, la falta de productividad.

Esta falta de productividad se ve claramente cuando analizamos el comportamiento de los costes laborales del pigs entre los años 1995 y 2010 y lo comparamos con los de Alemania. En este último país se mantuvieron casi invariables, mientras que en Grecia aumentaban un 70%, en Portugal un 51%, en España un 50% y en Irlanda un 45%. En Irlanda lo comprendieron pronto, y desde el año 2009 los costes laborales bajaron de manera muy importante. Los otros pigs lo vieron más tarde, y las correcciones han sido más bien simbólicas, con el resultado que el aumento de la productividad de estos tres países se ha hecho por la vía de un incremento brutal del paro.


El paro actual, de más del 25% de la población activa, es una consecuencia directa de la falta de productividad de la economía española. Antes de entrar a formar parte de la moneda única, cuando el desequilibrio era demasiado importante, se devaluaba la moneda. Con el euro, esto no se puede hacer. De modo que podemos afirmar que la causa última de la progresión del paro ha sido la decisión de entrar a formar parte de la zona euro. Esta decisión la tomó el gobierno del señor Aznar, a pesar de que fue avisado por el primer ministro italiano, Romano Prodi. Aznar mismo lo afirmaba en una entrevista al Financial Times. Prodi, durante una cumbre entre los dos países, le dijo que ni España ni Italia estaban preparadas para entrar a formar parte del euro. Aznar le contestó que Italia, quizá no, pero que España, sí. Prodi hablaba de productividad. Aznar hablaba de contabilidad. Corría el año 1997.

España es un país de tertulianos. En la radio, en la televisión, por todas partes. Los tertulianos españoles están todos de acuerdo: si bien es necesario disminuir el déficit público, también es necesario que Europa haga políticas que favorezcan el crecimiento económico. Esto, por supuesto, debe hacerlo Europa. Y si Europa no lo hace, es culpa de la señora Merkel, que tiene elecciones este otoño. Los tertulianos quedan satisfechos de su disertación, pero ningún tertuliano habla de lo esencial, que es lo que debemos hacer nosotros para mejorar nuestra competitividad.

Si no aumentamos nuestra competitividad, el euro será inviable, ya que cada vez habrá más desigualdades entre los países ricos de Europa y los pigs. Una manera de reducir estas desigualdades sería la transferencia permanente de rentas de los ricos a los pigs, pero eso no está, ni estará, a la orden del día. De modo que tenemos que actuar.

Para actuar debemos mejorar el capital humano. Por mucho que se diga que la juventud española es la mejor preparada de la historia, lo cierto es que hay mucha gente no tiene las capacidades mínimas para hacer un trabajo de calidad, por falta de formación. El sistema educativo español es un desastre, la formación profesional eficaz prácticamente no existe, la formación continua de los trabajadores es una quimera, las universidades se miran el ombligo y no se preocupan de si la formación que dan a sus alumnos sirve para que encuentren un trabajo o sean capaces de montar una empresa. Las decisiones sobre las infraestructuras se han hecho y se siguen haciendo con criterios políticos y no económicos, lo que dificulta el desarrollo de las zonas más productivas y detrae recursos que serían vitales. Las partidas para la investigación y el desarrollo disminuyen, imposibilitando cualquier recuperación futura de la economía. Las administraciones no se quieren simplificar, ya que así los partidos pueden seguir ofreciendo puestos de "trabajo" a sus afiliados. Hay muchas trabas administrativas para la creación de empresas, y no se hace nada para simplificar el sistema. La energía eléctrica es una de las más caras de Europa.

Si queremos salir de la crisis, debemos atacar todos estos problemas. Esperar que la señora Merkel gane las elecciones del otoño para que nos resuelva los problemas, tal como piensan los tertulianos, es ir directamente al precipicio (del que ya estamos muy cerca). La solución la tenemos nosotros. Si esperamos que venga de fuera, podemos esperar sentados. Y, si esperamos sentados, incluso nos cogerán la silla.

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