jueves, 21 de noviembre de 2013

Importaciones y exportaciones de productos energéticos

Dábamos hace unos días los datos en cantidad de las importaciones y de las exportaciones de productos petrolíferos y de gas. En euros, el déficit del comercio exterior de productos energéticos va en aumento: en 2012 llegó a los 45.503,7 millones de euros; solo las exportaciones de electricidad superaron a las importaciones. En 2012, por primera vez, el déficit de productos energéticos superó al déficit total.



El petróleo se llevó, en 2012, casi las tres cuartas partes del déficit (74 %). Las importaciones representaron un récord, a pesar de que, en cantidad, estuvieron lejos de las de los años 2007 y 2008: en 2007 se importaron 80,6 millones de toneladas, en 2008, 80,1 y en 2012, 60,3. El precio medio de 2012 dobló al de 2007 y fue un 57 % mayor que el de 2008 (a pesar de que en julio del 2008 se alcanzó el récord del precio del petróleo).


El gas representa casi la otra cuarta parte del déficit (23 %). En 2012 las importaciones casi igualaron a las de 2008, a pesar de haber importado menos cantidad: 458 millones de GWh en 2008 por 395 en 2012. El precio del gas importado subió un 13 % entre 2008 y 2012.


La conclusión es que, como el precio del petróleo se mantiene alto, y tendrá tendencia a subir, ya que según el informe de la EIA (Administración de la Energía de los Estados Unidos) recientemente publicado, el World Energy Outlook 2013, si ni se realizan las inversiones necesarias la producción de petróleo, que fue en 2012 de 86 millones de barriles diarios, disminuirá en 2 millones de barriles diarios cada año, mientras que el consumo se prevé que aumente a razón de un millón de barriles diarios cada año, debido al empuje de las economías emergentes, el resultado es claro: cuando una producción baja y su demanda aumenta, los precios suben.

Y, aunque se hicieran las inversiones necesarias, donde se deberán hacer es en los lugares donde hay reservas de petróleo conocidas y estudiadas, como Irak, con el peligro que representa su inestabilidad política, como Brasil off-shore (en el océano, lejos de la costa), y como Canadá y Venezuela (mediante la explotación del petróleo de arenas bituminosas). ¿Quién va a invertir en Irak, con la situación actual? Y si alguien invierte, ¿cuáles serán los costes de explotación en un lugar tan poco seguro? Por otra parte, la producción off-shore y la de las arenas bituminosas es bastante más cara que la del petróleo convencional utilizado hasta ahora. Lo que quiere decir que los precios del petróleo, aunque se hagan las inversiones necesarias, también subirán, ya que su coste de producción aumentará.

Sin crecimiento, dicen, no habrá creación de puestos de trabajo. Pero una economía que crece consume más energía. Si el precio del petróleo aumenta, no lo podremos comprar y, por tanto, será difícil que podamos crecer. Es decir, será ilusorio pensar que se van a crear puestos de trabajo en cantidad suficiente para llegar a cifras de paro aceptables.

A España no le queda más remedio que mejorar su eficiencia energética. Sin ella, no se podrá crecer. El denostado gobierno de Rodríguez Zapatero publicó en agosto de 2011 un documento importante, el Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2020, que tenía como uno de  sus objetivos el reducir la dependencia española del petróleo del 48 % de los años 2008 y 2009 al  27 % al final de esta década. El plan de acción que presentaba este documento era ambicioso, ya que tenía como objetivo reducir nuestro déficit energético de modo considerable. Tengamos en cuenta que los países de la Unión Europea que tienen más dependencia energética del exterior son los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) y Bélgica. No es extraño que la crisis se haya cebado precisamente en los cinco PIIGS.

Desde hace dos años, con el cambio de gobierno, nada más se ha sabido de este plan de acción, ni de otro nuevo. La FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, vinculada al PP) propone, en un documento recientemente publicado, titulado Propuestas para una Estrategia Energética Nacional, la “necesidad de consensuar una política energética, necesaria y ausente en el panorama actual”, y añade: “no ha existido una verdadera estrategia energética nacional, vinculada a un proyecto amplio de nación que tenga en cuenta nuestra posición geoestratégica, nuestras potencialidades y las restricciones a que nos enfrentamos”. El PSOE, en su última Conferencia Política, fija su política sobre la energía, y declara que quiere “impulsar un Pacto de Estado de la Energía a partir del dialogo de todas las fuerzas políticas y los representantes de la sociedad civil, para dotar a la política energética de una estabilidad mayor de la que ha tenido en los últimos años”.

Todos proponen, pues, un Pacto de Estado, un consenso, sobre la política energética que España necesita, pero ninguno hace nada concreto para lograrlo. Mientras tanto, se paraliza todo lo que define nuestro futuro y que daría  pie a la sociedad civil para que pudiera acometer proyectos que diesen vida a nuestra maltrecha economía. Un triste espectáculo, digno de ser calificado de igual forma a como lo hizo hace unos días el portavoz europeo de educación en relación con el proyecto Erasmus español presentado por el ministro Wert: “rubbish”, que es lo mismo que decir “sois todos una panda de memos”. Y así nos va.

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