viernes, 27 de diciembre de 2013

Prosperidad y crecimiento económico (2)

Hemos visto que, a partir de un cierto nivel de riqueza de un país, que podemos estimar entre 15 y 20.000 dólares per cápita, el que la economía siga creciendo aporta poco al bienestar y a la prosperidad de sus habitantes, pero nos queda por contestar una otro pregunta crítica.

La cuestión crítica es si una economía que crezca es fundamental para mantener una estabilidad económica. Es necesario el crecimiento para mantener una economía estable? La respuesta convencional es que sí. Para ver por qué, tenemos que examinar como funciona la economía.

Las economías capitalistas dan una gran importancia a la eficiencia con la que se utilizan los recursos, el capital y el trabajo. Las mejoras continuas de la tecnología significan que cada vez se produce más con menos recursos. La mejora de la eficiencia estimula la demanda bajando los costes y contribuye a un ciclo positivo de expansión. Pero también significa que cada vez hace falta menos gente para producir la misma cantidad de bienes y servicios.

Mientras la economía crezca suficientemente deprisa para compensar el incremento de "productividad laboral", no hay problema. Pero si no es así, este incremento de la productividad laboral tendrá como consecuencia que algunas personas perderán el trabajo.

Si la economía se ralentitza por alguna razón (sea por una disminución de la confianza del consumidor, por un aumento del precio de la materia prima o por una acción voluntaria de reducción del consumo), la tendencia de este sistema basado en el incremento de la productividad laboral conduce al paro. Esto, a su vez, tiende a una disminución del poder de compra, a una pérdida de la confianza del consumidor y a una nueva reducción de la demanda de bienes de consumo.

Desde un punto de vista del medio ambiente esto puede ser deseable, puesto que significa una utilización recursos más pequeña y menos emisión de productos polucionantrs. Pero también significa que el comercio se debilita y que los negocios disminuyen sus beneficios. Las ventas caen. No se invierte. El paro aumenta cada vez más y la economía empieza a entrar en una espiral de recesión.

La recesión tiene un impacto crítico sobre las finanzas públicas. Los gastos sociales aumentan al aumentar el paro, a la vez que las entradas por impuestos bajan al disminuir los ingresos de los contribuyentes y al reducirse las ventas de productos y servicios. Todo esto conduce a recortes de los servicios públicos, recortes que aminoran las posibilidades de la gente para prosperar.

Los gobiernos se tienen que endeudar cada vez más, no solamente para poder mantener los gastos imprescindibles, sino también para reactivar la demanda. Como consecuencia, aumenta la deuda pública. Y, en una economía menguante, el servicio de la deuda es cada vez más problemático. Los intereses de la deuda pública suponen cada vez una parte más importante de la producción total del país, es decir, del PIB.

El mejor que puede pasar es que la demanda se recupere rápidamente para poder empezar a hacer frente al pago de la deuda acumulada durante el periodo de crisis. Este pago de la deuda puede llevar decenas de años. Por ejemplo, el Reino Unido tardó cincuenta años para poder pagar la deuda pública acumulada durante la segunda guerra mundial. Algunos economistas estiman que, aunque las economías empezaran a recuperarse hoy, el pago de la deuda pública acumulada durante esta crisis no se acabaría hasta la década de los años 30. Pero si la economía tiene problemas para recuperarse, el estado irá directamente a la quiebra.

El sistema económico actual tiene poca elasticidad. Una vez que la economía empieza a fallar, los mismos mecanismos de retroalimentación que contribuyen a la expansión empezarán a actuar en dirección contraria, empujando la economía cada vez más hacia la recesión. Y, si el pais tiene una población cada vez más numerosa (y cada vez más vieja) el peligro aumenta de manera considerable, puesto que se necesitan unos niveles de crecimiento más importantes para mantener el mismo nivel de ingresos de la población y para poder hacer frente a sus necesidades sociales de salud y de educación, que son cada vez más importantes.

Resumiendo, las economías modernas conducen a la necesidad de un crecimiento económico para mantenerse. Mientras una economía crezca, los mecanismos de retroalimentación empujan el sistema hacia cada vez más crecimiento. Pero cuando el consumo se debilita, el sistema lleva la economía hacia el colapso, lo que tiene un impacto negativo sobre la posibilidad de las personas para prosperar. La vida de las personas se resiente.

La respuesta a la pregunta del principio es clara: en una economía como la nuestra, basada en el crecimiento, el crecimiento económico es necesario para mantener una economía estable. El modelo capitalista no está hecho para mantener una posición estable. Su dinámica natural empuja, bien hacia la expansión, bien hacia el colapso.

Podemos concluir con el siguiente dilema:

- El crecimiento no se sostenible, al menos en su forma actual. El incremento rápido del consumo de recursos y el aumento de los costes medioambientales conduce a profundas disparidades del bienestar social.
- La estabilidad o el decrecimiento económico son inestables, al menos en las condiciones actuales. Una bajada del consumo conduce a un aumento del paro, a una disminución de la competitividad y a una espiral de recesión.

Este dilema hace pensar que la prosperidad no puede ser duradera. A no ser que encontramos la manera de cambiar el sistema económico en el que estamos viviendo.

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