martes, 24 de diciembre de 2013

Prosperidad y crecimiento económico

El dilema más importante de nuestro tiempo es reconciliar nuestras aspiraciones para tener una vida agradable con las limitaciones de un planeta finito, lo que nos lleva a plantearnos dos preguntas:

- ¿La economía puede seguir creciendo de forma indefinida?
- ¿Podemos tener prosperidad si no hay crecimiento?

La idea de una economía que no crezca es un anatema para un economista, pero la idea de una economía que crezca continuamente es un anatema para un ecologista. Los economistas no saben contestar a cómo un sistema que crezca continuamente puede caber en un sistema ecológicamente finito. Por tanto, podríamos contestar a la primera pregunta diciendo que no, que no es posible un crecimiento indefinido.

Podemos empezar a responder a la segunda mirando cómo se comportan algunos de los parámetros que componen la prosperidad (que no debe confundirse con riqueza) según el Producto Interior Bruto por persona. Si empezamos con dos parámetros fáciles de entender, como son la esperanza de vida al nacer y la mortalidad infantil, entendida como el número de niños que mueren hasta los cinco años, vemos en las figuras que cuando el PIB por persona es menor de 15 a 20.000 dólares, la situación es cada vez peor, pero que, a partir de estas cantidades, no hay ninguna mejora significativa al aumentar el PIB .

Sobre estos dos parámetros de la prosperidad, podríamos decir que los países que tienen más de 15 a 20.000 dólares por cabeza, no experimentarán demasiado mejoras al crecer económicamente.



Pero la respuesta no es tan sencilla, ya que, cuando miramos la evolución en los dentro de los diferentes países, podemos ver que, al aumentar el PIB per cápita, la esperanza de vida también ha aumentado. También es significativo ver que, en estos últimos años de crisis, en los que el PIB ha bajado, la esperanza de vida ha seguido aumentando. Pero estos aumentos, dentro de un país que podemos decir que ya es desarrollado, son débiles en relación con el aumento del PIB.


Si tomamos el Índice de Desarrollo Humano, encontramos exactamente las mismas tendencias que hemos visto con los parámetros anteriores: cuando el PIB es inferior a los 15.000 a 20.000 dólares per cápita, la mejoría es muy importante cuando crece el PIB. En cambio, en los países que ya han alcanzado este PIB, la mejora es mucho más pequeña al seguir aumentando éste. Este índice lo calculan las Naciones Unidas, tomando tres dimensiones básicas del desarrollo humano: una vida larga y saludable, educación y un nivel de vida decente.



En resumen: al ser muy probable que la economía no pueda crecer indefinidamente, las economías desarrolladas deberían quedarse como están, mientras que las economías más pobres deberían crecer hasta alcanzar los 15.000 o 20.000 dólares per cápita, para poder disfrutar, la humanidad entera, de un nivel de vida correcto.

Nota 1: el caso de Guinea Ecuatorial, que tiene un PIB per cápita relativamente alto y unos parámetros muy malos es el típico caso en que la riqueza se acumula en manos de muy pocas personas.

Nota 2: es significativo el caso de Rusia donde la esperanza de vida cayó mucho en caer el PIB, y que, al volver a recuperarse el PIB, la esperanza de vida siguió más baja que antes.


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